Yo ya llevaba un melocotón de cuidado. Antes de la cena, en el picoteo, me tomé 5 ó 6 cañas, durante la cena varios vasos de vino (y ya tuve que empezar a combinarlos con agua) y luego innumerables cubatas, el último de ellos con agua porque ya habían cerrado la barra libre de la boda y no les quedaban refrescos. La gente lo miraba y, creyendo que era agua (yo no lo desmentía cuando me preguntaban) pegaban un trago. Me encanta la cara que ponían.
Cuando llegamos a la zona de marcha del Golf cogimos las copas, pedí otro cubata (y ya iban…) y nos subimos arriba. Unos chupitos. Otro cubata. Otro chupito, de otra cosa esta vez. Más cubatas y más chupitos, no tengo ni idea de cómo me mantenía en pie. Se acercaban las seis de la mañana, hora de cierre, y bajé al baño llevando ya el cuello levantado y la corbata en la cabeza. Al salir me encontré a mi primo bailando y me puse a su lado haciendo lo mismo… digo yo. Y fue cuando ella me quitó la corbata.
Se la puso en la cabeza y yo se la ajusté. Una rápida mirada: rubita, delgadita, guapita y con una sonrisa en la boca. Se la quitó y me la devolvió (la corbata) porque estaba sudada (no era para menos), y su amiga morena (también delgadita y guapita) me cogió de los brazos y me puse a bailar con ella. Un rápido recorrido por su cintura y vi el cielo. Como decía Extremoduro, “tu cintura / qué hermosura / todo el día me paso en ella”. Recuerdo esta frase y me viene a la cabeza un amor de juventud que tenía una cintura perfecta, y cada vez que la miraba se lo decía.
El caso es que no sé si la morena me empezó a hacer menos caso o yo le hice más caso a la rubia, pero le planté un par de besos y bailamos. Llevaba una de esas camisetas abiertas por la espalda, y al tocar su piel… me puse como una moto. Tonteé un poco más, de dónde eres, ese acento no es de aquí, “padres internacionales” dijo ella… y cuando mis labios tocaron los suyos, un beso robado como le dije, como el de Iker a la Carbonero, se rió y me volvió a besar, esta vez robándomelo ella a mí. Me apretaban para que nos fuéramos, yo no llevaba móvil y ella me dijo “es que tengo novio, estoy fuera del mercado” o algo parecido. Le di un par de besos más con mis manos en su cintura y me fui sin mirar atrás y sin despedirme de su amiga morena. Antes de salir por la puerta oí su voz y me giré. “Sigue así”, me dijo con una sonrisa.
Seguiré así.