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26 de Noviembre de 2009
Es obvio que esto está más muerto que muerto. Y eso que últimamente tengo “mucho” tiempo para escribir. Lo entrecomillo porque más que mucho es algo, que no es poco. Pero ese tiempo ahora lo dedicamos a leer, a ver, a escuchar, a otras cosas. No son ni mejores ni peores, son distintas.
Solo entré porque mañana me voy a Málaga el fin de semana. Acompaño a un amigo a hacer la mudanza, se traslada allí, y de paso pasaremos un par de días por la ciudad. Me llevaré la guitarra y alguna libreta, quién sabe si sale algo de ahí, como Sabina y Benjamín Prado, que se fueron a Praga a escribir el “Vinagre y rosas”. Si no sale nada, tampoco pasa nada, es más bien un por si acaso. Igual nos damos un garbeo por la ciudad que dura más de la cuenta y se nos va el tiempo, o a lo mejor nos encerramos a jugar a la Play. Es lo de menos.
Y, ¿por qué lo cuento? Pues imagino que por lo mismo que he contado todo lo anterior aquí, aunque tampoco sé la razón y si la sé, se me ha olvidado. A veces dices “alabado sea el olvido que nos permite seguir adelante sin mirar mucho atrás”; otras veces el olvido no hace su trabajo, o no del todo bien, o no como nos gustaría. Creemos que sería más sencillo así cuando a lo mejor es al contrario, pero claro, eso nunca lo sabremos.
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5 de Noviembre de 2009
Solo un breve apunte, o dos, para mí mismo y para el o la que entra aquí dos o tres veces por semana, que no sé quién es, por si le interesara, que lo dudo:
- La novela de la que hablé aquí la última vez sigue parada. Debería ponerme. Llevo casi dos meses sin escribir nada, ni en esa ni en ninguna de las otras. Solo me salen cosas cortas que divido en versos para creerme que son poemas, pero no lo son. Debería alargarlos, darles una vuelta de tuerca y convertirlos en textos breves.
- Al menos, en la última semana he escrito un par de canciones. Una la “terminé” hoy (lo pongo entre comillas porque nunca las termino del todo), se llama “Whisky sin hielo” y estoy muy orgulloso de cómo ha quedado. La otra la tengo a medias, quizá no salga una canción entera pero tiene un par de giros y algunas frases que me gustan. Y una secuencia de acordes que no sabía que podía cantar. De todo se aprende.
Y ya está, que después de 10 días es mucho.
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1 de Noviembre de 2009
Un breve receso en el parón de escritura (¿definitivo?) para mostrar una viñeta del casi siempre genial Alberto Montt. Más razón no se puede tener.

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24 de Octubre de 2009
Anoche se supone que íbamos a ver “algo” que no sabíamos muy bien que era pero creíamos que iba a ser una especie de “Tú sí que vales” y acabó siendo una obra de teatro, Morphea, de un grupo teatral buenísimo de Alicante. Vimos la obra del mismo nombre hace un mes y medio en el Teatro Principal, pero como la han ido cambiando ayer era casi totalmente distinta, salvo algunas partes. Estuvo si cabe mejor que la anterior que vimos, aunque quizá también ayudaba el estar tan cerca de ellos. Luego nos fuimos a cenar, con dos de los actores incluídos, y nos lo pasamos bomba con la hija de una amiga. Tiene 9 años y un desparpajo tremendo, que le viene de familia cineasta: su padre ha hecho alguna película (no sé en qué campo) y su madre es actriz. Ella seguirá sus pasos, ya ha hecho varios cortos. Muy divertido el rato en que estuvimos jugando con ella a “Beso, atrevimiento o verdad”. Cuando me tocó atrevimiento, tuve que hacerle los coros de Hannah Montana. Luego se fue la niña a casa con su madre, porque era casi la una y nos íbamos de fiesta. Casi se pone a llorar.
Pasamos al Pixies, donde estuvimos un buen rato hasta que la gente empezó a desaparecer; hoy tenían cosas que hacer así que es completamente normal. Nosotros nos quedamos hasta el cierre y luego fuimos al Clan Cabaret, donde nos soplaron seis euros por entrar, con consumición. Bailamos un rato y me salí porque me llamaron. Al volver a entrar (tardé un rato, sí) no encontré a mis amigos así que volví a salir y me fui para casa.
Me he levantado hace un rato y la comida me ha sentado de maravilla. Tenía el cuerpo un poco así. No me he levantado con resaca, porque apenas bebí. He perdido la mañana pero no voy a perder el día entero.
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22 de Octubre de 2009
Iba a escribir esto tipo telegrama. En plan “nosequé nosecuántos STOP”, así varias líneas. Pero me ha parecido una gilipollez, aunque podría quedar bonito. Muchas veces creo que son gilipolleces las cosas que quedan bien y luego hago/digo otras que creo correctas/divertidas/etc. y son pura bazofia. Es lo divertido que tiene esto, sea esto lo que sea.
Ayer vino uno de mis jefes de Barcelona. Fue todo bien, como decía nos llevamos bien y hablamos de un montón de cosas. Creo que si no hubiera sacado yo varias veces el tema del trabajo habría sido más una reunión de amigos que otra cosa. Por un lado es cojonudo tener un jefe así, que valora tu trabajo, que te apoya, que te escucha, tiene en cuenta tus opiniones etc. y con el que encima puedes hablar de Led Zeppelin, o de Campanella, de mujeres o de la vida, el universo y todo lo demás. Por otro lado, es un jefe. Siempre intento tomar ciertas distancias con ellos, aunque he tenido pocos; de hecho ahora mismo tengo más jefes de los que he tenido en todos mis trabajos anteriores juntos, que tampoco han sido muchos la verdad. Como comentaba hace poco, mi padre ha sufrido cierto percance laboral y eso a pesar de que su jefe repetía una y otra vez que era “como de la familia”. Pues si hace eso con la familia ni me imagino cómo tratará al resto de personas.
En fin. Me siento raro quedándome en casa cuatro días seguidos, desde el domingo hasta hoy ambos inclusive. Después de un mes y medio algo loco en el mejor sentido de la palabra esto no es lo normal. Claro que hay personas que ahora comparten su vida con otras, y los comienzos ya sabemos todos cómo son. Mañana me parece que tampoco tengo nada, pero el viernes por fortuna vuelve el movimiento. El domingo tengo barbacoa familiar (argh…), son dos cumpleaños, no puedo faltar. Y el sábado, ya veremos. Me apetece salir y no beber, al menos no mucho. Creo que cuando voy borracho acabo montando el espectáculo, generalmente bastante bochornoso. Siempre recuerdo una frase de una novela o cuento de Cortázar cuando me sale algo así, “Insiste en tus errores, porque ésa es tu verdadera personalidad”.
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21 de Octubre de 2009
Estoy pensando en cerrar esto, cogerlo todo y guardarlo en una caja metafórica metida en un archivo de ordenador por si algún día decido releerlo y hay algo que rescatar y luego borrar las huellas. Más que nada porque últimamente solo escribo cosas tontas, que no me interesan ni a mí, que no sé que pensaba y que luego, cuando salgo a dar una vuelta o cuando estoy solo en casa me vienen a la mente para darle otro giro. Y cansa un poquito. Sobre todo cuando salen aquí cosas no del todo buenas, un par o tres hasta la fecha solo, pero que luego analizo sin tener que hacerlo y llego a conclusiones que no quiero, y que sé que no son verdad. Ah, ojalá fuera desamor. Eso sé arreglarlo, más o menos. Lo pasas mal unos días y luego te repones, te olvidas del asunto, de la persona (en ese aspecto, no en el resto, o no siempre), vuelves a ser quien eras, a hacer las mismas tonterías pero de otra forma. Cuando no sabes exactamente lo que es, ahí jode. Tengo varias cosas en mente, pero cómo organizarme… difícil, muy difícil. Afortunadamente el 99% del tiempo no me afecta y puedo seguir mi vida.
En fin, volvemos a lo mismo. Ya estoy otra vez con tonterías que no llevan a ninguna parte, cosas que salen en el momento, cosas que a veces tardo menos en pensar que en escribir pero a veces más, y me trastabillo, me quedo parado hasta que los cables se vuelven a conectar y vuelve el incesante tecleo. Mejor será que lo deje para otro día. En unas horas viene mi jefe (llega a las 8, ¡demasiado temprano!) y pasaremos el día en un país multicolor de librerías varias y charlas extenuantes sobre libros. A veces pienso que mi jefe viene a verme para descansar, porque al ser joven (40 recien cumplidos) nos llevamos bien y nos ponemos a hablar de casi cualquier cosa menos de libros, que ya estamos muy saturados. Y luego su secretaria me llama diciéndome que qué le he hecho, que ha vuelto muy relajado a Barcelona. Suena bastante mal, pero juro que me limito a hablar, a escuchar, a soltar algún chiste y poco más. Recuerdo que una amiga hace años me dijo: “Me transmites paz”. Es de lo más bonito que me han dicho nunca.
Y me quedo con eso, en vez de toda la mierda anterior. El otro día al llegar a casa escribí algo parecido a “Quédate con lo bueno. Lo malo ya va a llegar por sí solo” y pienso hacerme caso aunque sea por una vez.
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20 de Octubre de 2009
Ayer no escribí nada. Y me he dado cuenta de que llevaba escribiendo todos los días, de manera continuada, mucho tiempo. Tiempo que ayer no tuve. Llegué a casa pasadas las seis y media y estuve trabajando hasta las ocho y media, hora en que empezaba la reunión de mi comunidad de vecinos. Estuvimos dos horas, ¡dos horas! Todo para decir “sí, estamos de acuerdo” a las cifras que decía el administrador (¿cómo no estar de acuerdo con “hemos pagado X de luz, X de agua, X de limpieza…”?) y comentar cuatro chapucillas que hay que hacer en el edificio, cosas que por un motivo u otro no estaban hechas o están mal hechas. Hubo vecinos gritones, uno de ellos incluso repetía cansinamente que si la ley de propiedad horizontal esto, que si yo he ganado juicios a constructores, que si la ley aquello… un pájaro. No digo que no tuviera razón, que probablemente la tenía, pero estaba montando un espectáculo lamentable por algo que según sus propias palabras “le daba exactamente igual”. ¿Entonces? En terminar la reunión nos quedamos los más jóvenes, dos parejas, otro chaval y yo, aunque vivir allí realmente solo vivo yo y uno de los emparejados si su novia. Subimos al piso del que había venido solo para ver las chapucillas que se estaba haciendo, menudo manitas. Así también pude conocerlos un poco, que entre que apenas nos cruzamos en la escalera y que a mí las vecindades me importan tres mierdas… en fin, supongo que no es malo tener cierta relación, pero sin pasarse.
Tenía que pasar por la gasolinera para hinchar las ruedas del coche, que sobre todo una de ellas está continuamente perdiendo aire (a saber por qué). Fui a una que me pillaba de paso pero estaba fuera de servicio (el aire, no la gasolinera en sí), así que me dirigí a otra que me queda cerca de casa. Era una máquina nueva, que mola bastante porque le pones la presión en el marcador digital y luego llevas la manguera a la rueda, y voilá, te la llena a la presión que le indicas. Hasta ahí todo bien si no fuera porque vale 1 euro. ¡El aire! Ya no saben por qué cobrar.
En fin, esta noche no creo que vaya finalmente a ver a Daniel Viglietti. Es una pena porque tenía una pinta estupenda, pero un amigo necesita dormir y de los otros dos a los que se lo dije no tengo noticias, por lo que supongo que tampoco vendrán. Ir solo, pues como que no. No me gusta ir solo a los sitios, por eso voy tan poco al cine. Antes, cuando estaba en la universidad (iba a decir cuando estudiaba, je) no me gustaba comer solo y ahora lo hago al menos tres días a la semana. Mañana no, porque viene mi jefe a “controlar” que todo esté en orden, lo cual me parece bien. Así podré tratar unos asuntos con él que entre unos motivos y otros nunca discutimos.
Cachis, quería hacer algo cortito y mira qué parrafada. Y el caso es que me dejo cosas por contar, pero ya está bien, ¿no?
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18 de Octubre de 2009
Creo que cada vez aguanto peor los domingos. Son días raros. Normalmente los domingos no quedas con casi nadie, o peor aún, te toca quedar con la familia. Bueno, peor peor tampoco es que sea, pero es que yo no soy muy de familia. Me jode un poco porque, a veces, tienes momentos realmente buenos y te das cuenta de lo importante que es, pero como la mayoría del tiempo no pasa supongo que se nos olvida y luego nos acordamos cuando nos acordamos, que a veces es demasiado tarde. Pero dejando a un lado el tema familia, los domingos tienen desde hace un tiempo un color distinto, un aroma distinto, me encuentro distinto. También es cierto que los últimos domingos estoy soportando resacas, y a lo mejor lo que no soporto no son los días en sí sino el estado en que se encuentran mi cuerpo y mi mente. Además el zumbido del ordenador tampoco acompaña, ni mirar el reloj y ver que quedan muchas horas que soportar aún, sin nada que hacer realmente. Y es una mierda desperdiciar un domingo, joder, que mañana es un lunes y eso sí que es algo que habría que eliminar.
Creo que, por primera vez desde que tengo uso de razón (que tampoco hace mucho), necesito algo más en mi vida. Algo que haga más llevaderos estos domingos, que consiga que coma mejor (últimamente me alimento fatal, y sí, he perdido peso, pero se puede hacer de forma controlada y no a lo loco, porque me va a pasar factura), que me haga ponerme las pilas, algo que me dé razones, ¡razones! En fin, no sé lo que es aunque tengo una cierta idea, pero generalmente no tengo buenas ideas y por eso me da un poco de miedo.
Cambiando radicalmente de tema, mañana tengo reunión de vecinos. Es la primera a la que asistiré, ahora que hace un año que me compré el piso y unos diez meses desde que vivo aquí. No conozco a los vecinos casi ni de vista, salvo a dos o tres. Tampoco me importa, aunque si alguna vez hicieran falta para algo sería mejor tener una mínima relación, supongo. Aunque aún no he ido a ninguna, ya sé que no me gustan estas reuniones. Intentaré pasar lo más desapercibido posible, que no me toque formar parte de la nueva junta directiva y proponer un par de arreglillos menores que no sé por qué no se han hecho hasta ahora. Mañana vendré aquí a ver cómo ha ido.
Uf, me agobio solo de pensar en esta reunión…
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17 de Octubre de 2009
Ayer fue una noche estupenda. Empezamos con el Club de Lectura y elegimos dos libros, “Fantasmas” de Auster (sugirieron la Trilogía entera, yo les dije que podríamos coger solo una de las historias y les pareció buena idea) y “La invención de Morel” de Bioy Casares. Joder, qué maravilla. Habrá muchos libros mejores para empezar, no digo que no. Pero elegir a estos dos autores es la hostia. Al principio, por qué no decirlo, me asusté un poco cuando escuché el nombre de Javier Moro por ahí. No he leído nada de este autor, pero es un best-seller de novela histórica y mis gustos no van precisamente por ahí. Pero bueno, quién sabe, quizá si te quitas de encima los prejuicios puedas disfrutar de buena literatura sin necesidad de ceñirte a “valores seguros” como el nombrado Auster o Murakami, que también salió a la palestra acompañado de la coletilla “caerá, seguro”. Es lo bueno de estas cosas, gente a la que le gustan los mismos autores que a ti te recomiendan otros y al final amplias tus horizontes. Suena muy enriquecedor, y una excusa más para juntarnos, aunque tampoco nos hacen falta muchas.
Luego nos fuimos al Jamboree. Tocaba un tipo que se llama Jaime Norambuena. ¡Menudo crack! Guitarrista y cantante, un as en ambas facetas. Nos dejó impresionados con versiones del Superstition de Stevie Wonder, de Dylan (un muy rockero “Knocking on heaven’s door”), de Hendrix… en fin, blues-rock bueno bueno. El bajista y el batería también acompañaban a la perfección. Joder, habrá que seguirle la pista, moló un huevo. He encontrado su web, http://www.jaimenorambuena.com/ donde salen unos cuantos vídeos y mp3s. Una pena que los primeros no se oigan demasiado bien (es lo que tiene tocar en garitos pequeños y con una acústica digamos que regular) porque aunque escucharlo esté bien, verlo en directo es la mejor opción para el tipo de música que hace.
En su página sale su correo. Igual me animo y le escribo a ver si da clases de guitarra. ¡Sería un honor!
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16 de Octubre de 2009
Hoy me he gastado 180 euros en zapatos. Me sentía un poco como las tipas tontas de las horribles pelis pijas mal llamadas comedias románticas. Aunque esas se gastan no 180, sino 1800 euros. Y no una vez al año o dos, sino todas las semanas. Luego se hacen armarios para llenarlos con zapatos que nunca se ponen, etc. En fin, me hacían falta zapatos, la semana pasada estando de fiesta no sé cómo se me estropearon los más nuevos que tenía. Bueno, creo que sé cómo: llevaba un chupito en la mano y un tipo se tropezó conmigo y me lo tiró; supongo que fue eso. El caso es que ahora tengo el zapato derecho manchado y no se va, se ve que se ha metido bien en el cuero. En fin, 50 euros a la basura. Quizá si no hubiese ido tan borracho y me hubiese dado cuenta me los podría haber limpiado en el momento, o al día siguiente. Pero no me di cuenta hasta dos o tres días después y ya no había nada que hacer.
Esta noche es la primera sesión del Club de Té y Lectura. Nunca he estado en uno y me apetece, aunque no sé si podré cumplir siempre. Por mi profesión, tengo que leer al año cientos de reseñas de libros y (h)ojear decenas de ellos, sino también cientos. Eso hace que mi capacidad de lectura se haya reducido drásticamente los últimos dos años, desde que empecé en mi nuevo trabajo. De leer 60-70 al año, pasé a 40 el año pasado y en este llevo solamente 29, cuando quedan apenas dos meses para terminarlo. No son malas cifras, pero tampoco grandes números. Eso también me hace seleccionar más: pasé unos años en que me leía prácticamente todo lo que caía en mis manos y además me lo terminaba. Ahora lo que no me interesa rápidamente vuelve a la estantería a esperar una segunda oportunidad en otro tiempo, quizá en otra vida. Si ese bajo ritmo, que además es arrítmico (toma ya), tengo que sumarle otro libro al mes, lo puedo ver de colores. Pero bueno, cuando se pueda bien, y cuando no… pues me pasaré igualmente para ver a los amigos.