Por fin tengo lavadora. Después de poco más de un año viviendo en mi casa, creo que ya tocaba. Me mudé antes de lo previsto por motivos que no vienen al caso, y no tenía suficiente capital como para afrontar demasiados gastos por aquel entonces. Luego ha ido pasando el tiempo y, como pretendía poner unas mosquiteras en la galería antes que comprarme la lavadora (para que el gato no se saliera por la ventana) siempre lo iba dejando de lado. Pero ahora he visto una oferta muy buena y ha habido que aprovecharla. Como en breve estarán instalados los tendederos comunitarios, a partir de ahora los viajes a “Lavandería Mamá” irán menos cargados. Aún tendré que llevarle cosas (no sé planchar, qué le vamos a hacer; como decía mi cuñado, “seguro que para ti es más fácil hacer una página web que poner una lavadora” y el jodido tenía razón) pero no serán esas bolsas enormes. La vuelta también se hará más liviana. De momento aguantaré a caballo, entre una cosa y la otra. Sienta bien eso de tener lavadora, aunque sea una tontería me siento un poco más independiente. Si ya supiera cocinar (o quisiera aprender), me parece que mis padres no me verían el pelo en un período largo de tiempo. Creo que por eso mi madre era (es) tan reacia a que me “independice del todo”: piensa que si lo hago ya no tendré motivos para ir a verla y quiere crear todavía un vínculo dependiente. En fin, no se le puede reprochar vistos los antecedentes familiares que tenemos (aunque tampoco viene al caso).
Y en plan cultureta (cultureta de cine y libros, porque no sé por qué nunca hablo aquí de música si escucho tanta; ahora mismo suena Calexico y son cojonudos; anoche Marc Ford me dejó un muy buen sabor de boca antes de irme a dormir; etc.): vi District 9, aquella que decían que era una joya, una revelación del “cine independiente”; no es ni una cosa ni la otra, una peliculita sin más, bien hecha, con cosas interesantes pero llega a aburrir en algunos momentos, cosa que en una peli de este tipo es intolerable. Y he empezado a leer a Pombo, supuestamente uno de los grandes de las letras españolas. Me he tirado al último, “La previa muerte del lugarteniente Aloof”, un título que me encanta y un libro que por el momento me deja buen sabor de boca. Y del que se aprenden trucos y cositas que luego espero poder aplicarme. Ya veremos.
