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7 de Febrero de 2010

Por fin tengo lavadora. Después de poco más de un año viviendo en mi casa, creo que ya tocaba. Me mudé antes de lo previsto por motivos que no vienen al caso, y no tenía suficiente capital como para afrontar demasiados gastos por aquel entonces. Luego ha ido pasando el tiempo y, como pretendía poner unas mosquiteras en la galería antes que comprarme la lavadora (para que el gato no se saliera por la ventana) siempre lo iba dejando de lado. Pero ahora he visto una oferta muy buena y ha habido que aprovecharla. Como en breve estarán instalados los tendederos comunitarios, a partir de ahora los viajes a “Lavandería Mamá” irán menos cargados. Aún tendré que llevarle cosas (no sé planchar, qué le vamos a hacer; como decía mi cuñado, “seguro que para ti es más fácil hacer una página web que poner una lavadora” y el jodido tenía razón) pero no serán esas bolsas enormes. La vuelta también se hará más liviana. De momento aguantaré a caballo, entre una cosa y la otra. Sienta bien eso de tener lavadora, aunque sea una tontería me siento un poco más independiente. Si ya supiera cocinar (o quisiera aprender), me parece que mis padres no me verían el pelo en un período largo de tiempo. Creo que por eso mi madre era (es) tan reacia a que me “independice del todo”: piensa que si lo hago ya no tendré motivos para ir a verla y quiere crear todavía un vínculo dependiente. En fin, no se le puede reprochar vistos los antecedentes familiares que tenemos (aunque tampoco viene al caso).

Y en plan cultureta (cultureta de cine y libros, porque no sé por qué nunca hablo aquí de música si escucho tanta; ahora mismo suena Calexico y son cojonudos; anoche Marc Ford me dejó un muy buen sabor de boca antes de irme a dormir; etc.): vi District 9, aquella que decían que era una joya, una revelación del “cine independiente”; no es ni una cosa ni la otra, una peliculita sin más, bien hecha, con cosas interesantes pero llega a aburrir en algunos momentos, cosa que en una peli de este tipo es intolerable. Y he empezado a leer a Pombo, supuestamente uno de los grandes de las letras españolas. Me he tirado al último, “La previa muerte del lugarteniente Aloof”, un título que me encanta y un libro que por el momento me deja buen sabor de boca. Y del que se aprenden trucos y cositas que luego espero poder aplicarme. Ya veremos.


70. El camino del camino a la felicidad

4 de Febrero de 2010

Decía Punset como conclusión a uno de sus últimos libros, “El viaje a la felicidad”, que “la felicidad está en el camino a la felicidad”. Siempre que nos decimos aquello de ‘es que empiezo un proyecto pero al poco tiempo lo abandono’ es lo más normal del mundo. Cuando el proyecto surge aparece la felicidad. Cuántas veces no nos habremos dado cuenta de que cuando algo llega no nos aporta lo que creíamos. Si creemos que encontraremos la felicidad teniendo un piso y estamos buscando uno, y lo compramos con toda la ilusión del mundo, al poco tiempo esa ilusión desaparecerá y aparecerán nuevos deseos (esto sería meterse un poco en el budismo, cosa que no haré). O te compras una cazadora que llevabas mucho tiempo viendo en el escaparate y luego, cuando te la has puesto tres o cuatro veces, ya no es lo mismo. Pero debe ser así. Y debemos saberlo. Si lo sabemos, es más fácil ser feliz con lo que tenemos sin necesidad de buscar otro “camino” para llegar a la felicidad. Esto sería algo como “el camino del camino”, y si sigues podrías hacer un infinito bucle hasta donde te llegase la capacidad.

Y poniéndonos un poco menos plastas, decir que ayer vi ‘Invictus’ de Clint Eastwood. Morgan Freeman ES Mandela, y Matt Damon demuestra que es un gran actor. La película es muy buena. Y sin embargo, no sé si es que le sobran 10 minutos (no se hace nada aburrida, no es eso) o le faltan 30, pero parece que hay cosas que se quedan en el tintero. Por ejemplo, cuando cae enfermo por agotamiento. Esa escena luego no tiene continuación. O bien la eliminas o bien añades otra donde se “recupere”, algo que hilvane una con otra. En la siguiente imagen ya aparecía trabajando de nuevo como si nada hubiese pasado. Está muy bien esto de ir dando lecciones a ni más ni menos que Clint Eastwood. Como para darme de hostias.

Voy superando el tema del dentista. Ya ha desaparecido ese pavor que les tenía, no por el daño (que también un poco) sino por la inoperancia, la falta de información, la inutilidad de los 4 ó 5 distintos a los que fui antes de mandar a tomar por el culo a todo el gremio. El que tengo ahora me sienta en la silla, me pone la tele si quiero, me da un espejo y me va explicando lo que me hace, no me hace ningún daño, me pregunta continuamente si estoy cómodo y además trabaja fenomenal. A lo mejor es mucho pedir, y es cierto que aunque no hiciera muchas de las cosas que hace pero trabajara bien también me valdría. Pero coño, pudiendo tener valor añadido, ¿por qué no? Cuando te van a dar por el culo, se agradece un botecito de vaselina.


69. All by myself

31 de Enero de 2010

Ya está bien de no poner títulos. Siempre… bueno, no siempre. A veces se me ocurrían títulos para los textos, pero por aquello de mantener el equilibrio, como ya empecé a no ponerlo pensé que era mejor seguir sin ponerlo. Algunos textos lo requieren y otros no. En algunos queda bien y en otros no. Me equivocaré tantas veces que perderé la cuenta y así debe ser, cojones. Queda muy bien eso de decir “textos”, parece que le da más valor que si se le llama “entradas” o “posts”. La última no la suelo decir por impronunciable. Eso de poner una te (he tenido que buscar en la rae y resulta que la letra te se escribe sin acento, como el pronombre) entre dos eses resulta bastante difícil.

Pero venía a hablar de… espera, que esto es bueno. Hemos sacado (digo hemos, es lo que tiene estar institucionalizado, como en la peli de Morgan Freeman y Tim Robbins pero sin una cárcel sino una empresa… vamos, como en la peli) una biografía de Lang Lang, un pianista que tiene mi edad y es un prodigio del piano clásico. He buscado algo de música y estaba sonando ahora mismo el “Concerto for Piano and Orchestra no.2 in C minor, op.18″ de Rachmaninov y como soy un inculto de la música clásica (el título lo he copiado del mp3) digo “coño, si esto es la balada ochentera esa de ‘All by myself’”. Y así era. Porque lo he buscado en la Wikipedia. Y te enteras de más cosas, como que la escribió un tal Eric Carmen que no tengo ni puta idea de quién es pero lo hizo a partir de esa composición clásica, y como era tal el tipo se dijo “pues seguro que esto ya no tiene derechos de autor así que p’alante” pero se equivocó, y tiempo después tuvo que llegar a un acuerdo con los herederos o la fundación o los que fueran los poseedores de los derechos. La han versionado multitud de “artistas”: algunos lo son y otros no tanto, pero bueno, todos a chupar del frasco.

En fin, esto iba a ser algo totalmente diferente, pero ya no me quiero extender tanto en un mismo texto, porque si tiene muchas palabras se pierde. Es lo que tiene internet, que nos da un sentido de urgencia tal que no prestamos más de cinco minutos de atención (¿o eran tres?) y los textos largos aquí no valen. Es curioso como después de todo damos más valor a lo que está escrito sobre un papel que a lo que aparece en la pantalla del ordenador. Esto llevaría al debate del libro electrónico, pero, ¡uf!, qué de hipertextualizaciones en unas pocas líneas.

Mejor lo dejamos aquí. Cambiamos el título del post (vaya, ya caí… del texto, del texto…) por el nombre de la canción y decimos “buenas noches y buena suerte” como en aquella peli de Clooney. Qué buena es Up in the air y qué ganas tengo de volver a verla.


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28 de Enero de 2010

Es así. Y lo que es así, ni tiene sentido darle más vueltas ni luchar contra ello. Hombre, tampoco es cuestión de dejarse arrastrar hasta meternos en el fango (aunque a veces tampoco viene mal), pero chocar contra un muro de hormigón puede ser peligroso. El otro día una chica me decía que se quería cambiar de piso, que a lo mejor luego echaba de menos vivir en el campo pero que bueno, ahora le apetecía y había que hacerlo, ¿no? Con dos cojones. Dentro de dos años pues si nos hemos equivocado nos arrepentiremos y si podemos volveremos atrás, y si no habremos aprendido algo. Si te quedas quieto resulta que no pasa nada.

Llevaba tiempo queriendo arreglar dos o tres cositas, tonterías. Las haces, te das cuenta de que no costaba nada hacerlo y del tiempo que a lo mejor has perdido con una sensación no de malestar pero sí de incomodidad. Cada vez que lo veía decía “joder, tengo que…”  pero nunca hacía nada. Dando pasitos pequeños hacia adelante, si en un momento dado miras hacia atrás te das cuenta de que has avanzado un buen tramo. Y sabes que tienes que seguir, no quieres caer en los mismos errores (aunque diablos, cómo cuesta…).

Y en cuanto a números en lo que va de 2010: cero libros terminados (muchos empezados, continuados, ojeados, hojeados…), cero poemas escritos, cero canciones terminadas (aunque una empezada con muy buena pinta), cero páginas de cualquiera de mis novelas/cuentos… necesitaría un montón de horas más al día para poder cansarme de hacer el vago, de ver series, pelis, de jugar un rato, de navegar, de ver porno, de vivir… y entonces encontraría tiempo para hacer cosas que también quiero y a las que no doy tanta prioridad porque soy un gilipollas. Eso también lo he aprendido pasito a pasito.


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20 de Enero de 2010

Esto es así. Te pasas dos meses sin pasar por aquí y no pasa nada. Bueno, hay quien lo echa en cara, pero qué sabrá él si solo ha publicado dos libros…

¿Y ahora por qué? He llegado de casualidad a mi propio blog, he leído un par de entradas o tres y he dicho, qué coño, HOY toca actualizar. Para qué, para quién, sigue siendo un misterio para mí. Esto me ha recordado al anuncio de Coca-Cola del argentino diciendo “para los altos, para los bajos…”, y ese anuncio me recuerda a uno de los editores de El Zorro Rojo (los dos editores son argentinos), que en la última reunión dijo alguna frase parecida, como “este libro es para niños, para jóvenes, para adultos…” y no pude evitar reirme, con respeto, claro, el que le tengo y mucho.

Ayer iba por Luceros, en el centro. Iba a decir “ayer paseando” pero qué coño voy a estar paseando, estaba trabajando. Vale que me desvié cinco minutos para tomarme un café y un cupcake en Las Manolitas (como ahora no tomo café con nadie de la Casa del Libro -ejem- pues me lo tomo yo solo), pero el resto de la mañana estuve trabajando. Andar y conducir forman parte de mi trabajo. Hoy sin más he ido a Albacete, casi 2 horas de ida y otras tantas de vuelta (entre coger el coche, salir a la autovía, llegar, aparcar, etc.). Ya van 4 horas de trabajo. Hay quien me echará tomates por esto pero me la resbala muy mucho.

Pero me desvío (cosa en parte buena, eso es lo que he hecho siempre que he escrito aquí y el volver a hacerlo quizá sea una señal de que debo volver a hacerlo). Iba por Luceros, como decía hace un par de desvaríos, y vi a un músico tocando el arpa en la calle. De repente, como una de esas tantas cosas que no sé explicar, me vino a la cabeza el título de un relato, “El arpista”. Y se empezaron a formar imágenes en mi cabeza y fue una putada que tuviera que seguir currando porque lo que quería hacer era sentarme, abrir un ordenador y ponerme a escribir. Porque claro, luego seguí trabajando, hablé con un par de clientes, tuve un par de marrones, otras tantas llamadas y ya se me fue absolutamente todo. Ahora me acabo de acordar y por eso lo pongo, quizá dentro de un tiempo lo lea y las imágenes vuelvan a mi cabeza. Ahora vuelve alguna y me encanta.

Me he olvidado de ti. Y esto, my friendo, es lo que se llama cerrarlo.


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26 de Noviembre de 2009

Es obvio que esto está más muerto que muerto. Y eso que últimamente tengo “mucho” tiempo para escribir. Lo entrecomillo porque más que mucho es algo, que no es poco. Pero ese tiempo ahora lo dedicamos a leer, a ver, a escuchar, a otras cosas. No son ni mejores ni peores, son distintas.

Solo entré porque mañana me voy a Málaga el fin de semana. Acompaño a un amigo a hacer la mudanza, se traslada allí, y de paso pasaremos un par de días por la ciudad. Me llevaré la guitarra y alguna libreta, quién sabe si sale algo de ahí, como Sabina y Benjamín Prado, que se fueron a Praga a escribir el “Vinagre y rosas”. Si no sale nada, tampoco pasa nada, es más bien un por si acaso. Igual nos damos un garbeo por la ciudad que dura más de la cuenta y se nos va el tiempo, o a lo mejor nos encerramos a jugar a la Play. Es lo de menos.

Y, ¿por qué lo cuento? Pues imagino que por lo mismo que he contado todo lo anterior aquí, aunque tampoco sé la razón y si la sé, se me ha olvidado. A veces dices “alabado sea el olvido que nos permite seguir adelante sin mirar mucho atrás”; otras veces el olvido no hace su trabajo, o no del todo bien, o no como nos gustaría. Creemos que sería más sencillo así cuando a lo mejor es al contrario, pero claro, eso nunca lo sabremos.


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5 de Noviembre de 2009

Solo un breve apunte, o dos, para mí mismo y para el o la que entra aquí dos o tres veces por semana, que no sé quién es, por si le interesara, que lo dudo:

  • La novela de la que hablé aquí la última vez sigue parada. Debería ponerme. Llevo casi dos meses sin escribir nada, ni en esa ni en ninguna de las otras. Solo me salen cosas cortas que divido en versos para creerme que son poemas, pero no lo son. Debería alargarlos, darles una vuelta de tuerca  y convertirlos en textos breves.
  • Al menos, en la última semana he escrito un par de canciones. Una la “terminé” hoy (lo pongo entre comillas porque nunca las termino del todo), se llama “Whisky sin hielo” y estoy muy orgulloso de cómo ha quedado. La otra la tengo a medias, quizá no salga una canción entera pero tiene un par de giros y algunas frases que me gustan. Y una secuencia de acordes que no sabía que podía cantar. De todo se aprende.

Y ya está, que después de 10 días es mucho.


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1 de Noviembre de 2009

Un breve receso en el parón de escritura (¿definitivo?) para mostrar una viñeta del casi siempre genial Alberto Montt. Más razón no se puede tener.

llamala


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24 de Octubre de 2009

Anoche se supone que íbamos a ver “algo” que no sabíamos muy bien que era pero creíamos que iba a ser una especie de “Tú sí que vales” y acabó siendo una obra de teatro, Morphea, de un grupo teatral buenísimo de Alicante. Vimos la obra del mismo nombre hace un mes y medio en el Teatro Principal, pero como la han ido cambiando ayer era casi totalmente distinta, salvo algunas partes. Estuvo si cabe mejor que la anterior que vimos, aunque quizá también ayudaba el estar tan cerca de ellos. Luego nos fuimos a cenar, con dos de los actores incluídos, y nos lo pasamos bomba con la hija de una amiga. Tiene 9 años y un desparpajo tremendo, que le viene de familia cineasta: su padre ha hecho alguna película (no sé en qué campo) y su madre es actriz. Ella seguirá sus pasos, ya ha hecho varios cortos. Muy divertido el rato en que estuvimos jugando con ella a “Beso, atrevimiento o verdad”. Cuando me tocó atrevimiento, tuve que hacerle los coros de Hannah Montana. Luego se fue la niña a casa con su madre, porque era casi la una y nos íbamos de fiesta. Casi se pone a llorar.

Pasamos al Pixies, donde estuvimos un buen rato hasta que la gente empezó a desaparecer; hoy tenían cosas que hacer así que es completamente normal. Nosotros nos quedamos hasta el cierre y luego fuimos al Clan Cabaret, donde nos soplaron seis euros por entrar, con consumición. Bailamos un rato y me salí porque me llamaron. Al volver a entrar (tardé un rato, sí) no encontré a mis amigos así que volví a salir y me fui para casa.

Me he levantado hace un rato y la comida me ha sentado de maravilla. Tenía el cuerpo un poco así. No me he levantado con resaca, porque apenas bebí. He perdido la mañana pero no voy a perder el día entero.


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22 de Octubre de 2009

Iba a escribir esto tipo telegrama. En plan “nosequé nosecuántos STOP”, así varias líneas. Pero me ha parecido una gilipollez, aunque podría quedar bonito. Muchas veces creo que son gilipolleces las cosas que quedan bien y luego hago/digo otras que creo correctas/divertidas/etc. y son pura bazofia. Es lo divertido que tiene esto, sea esto lo que sea.

Ayer vino uno de mis jefes de Barcelona. Fue todo bien, como decía nos llevamos bien y hablamos de un montón de cosas. Creo que si no hubiera sacado yo varias veces el tema del trabajo habría sido más una reunión de amigos que otra cosa. Por un lado es cojonudo tener un jefe así, que valora tu trabajo, que te apoya, que te escucha, tiene en cuenta tus opiniones etc. y con el que encima puedes hablar de Led Zeppelin, o de Campanella, de mujeres o de la vida, el universo y todo lo demás. Por otro lado, es un jefe. Siempre intento tomar ciertas distancias con ellos, aunque he tenido pocos; de hecho ahora mismo tengo más jefes de los que he tenido en todos mis trabajos anteriores juntos, que tampoco han sido muchos la verdad. Como comentaba hace poco, mi padre ha sufrido cierto percance laboral y eso a pesar de que su jefe repetía una y otra vez que era “como de la familia”. Pues si hace eso con la familia ni me imagino cómo tratará al resto de personas.

En fin. Me siento raro quedándome en casa cuatro días seguidos, desde el domingo hasta hoy ambos inclusive. Después de un mes y medio algo loco en el mejor sentido de la palabra esto no es lo normal. Claro que hay personas que ahora comparten su vida con otras, y los comienzos ya sabemos todos cómo son. Mañana me parece que tampoco tengo nada, pero el viernes por fortuna vuelve el movimiento. El domingo tengo barbacoa familiar (argh…), son dos cumpleaños, no puedo faltar. Y el sábado, ya veremos. Me apetece salir y no beber, al menos no mucho. Creo que cuando voy borracho acabo montando el espectáculo, generalmente bastante bochornoso. Siempre recuerdo una frase de una novela o cuento de Cortázar cuando me sale algo así, “Insiste en tus errores, porque ésa es tu verdadera personalidad”.