83. A las duras

22 de mayo de 2011

Nunca entendí aquello de “hay que estar a las duras y a las maduras”. El caso es que, en lo que a este blog se refiere, solo viene uno a morir (metafóricamente hablando, no se me asuste el personal -¿qué personal, si nadie conoce esto y nadie entra?-) cuando está mal. Y hoy es uno de esos días de mierda, que afortunadamente se ha olvidado durante un rato viendo a viejos amigos y riendo con ellos, pero que, una vez apagadas las luces, no queda otra cosa que, oh caramba, sí. Sí sí. Ella. Bueno, ella ahora es una, que en su tiempo fue otra y sobre la que dijimos hace años “es la mujer de mi vida” y cuánto nos equivocamos. Hoy no pensamos eso (ya está bien, será el llegar casi a los treinta que nos hace ser un poco menos imbéciles), en el rollo de la mujer de mi vida, pero sí creíamos que había algo interesante y que, como lágrimas en la lluvia, parece que se perderá.

Decía Hemingway, y me lo repito muchas veces a ver consigo caer del burro, que se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar. Supongo que uno a veces intuye cuando callar, pero ve las cosas tan negras que se dice “total, hay un límite que parece que no vamos a cruzar; pues de perdidos al río y a por todas”. Ese a por todas ha hecho que esta tarde me picaran los ojos porque asomaban unas lágrimas que finalmente no han salido; en los últimos años solo he llorado por familiares que se han ido y no me permito que otras cosas me hagan lo mismo. Y he cogido la guitarra y he tocado un par de canciones tristes, y lejos de hacerme sentir peor me han hecho sentirme un poco menos solo.

Pero parece que la soledad es algo inevitable en mi vida. Durante tantos años la he buscado y, ahora que la tengo, echo de menos tenerte a mi lado.


82. Otra vez

9 de enero de 2011

Menos mal que ya sabemos que “siempre es la chica equivocada”. Como decía la canción, “siempre te pierdes de la chica equivocada, un día lo eres todo y al siguiente no eres nada”. Una canción mía que está sin pulir. Otro verso es “no hubo motel de la ruta 66 / en el que no soñaras con las chicas de Hooters”.  El viaje pendiente a EEUU del verano próximo a quedado medio suspendio porque el amigo con el que iba a ir se ha echado novia, pero bueno, siempre habrá tiempo para hacerlo uno solo con su guitarra y unas cuantas libretas que no llenará nunca.

Lo de la chica equivocada ha vuelto a aparecer. En un mundo “perfecto” podría hablar con ella, tranquilamente, decirle en menos de un minuto lo que tengo que decir, que ella sonriera y arreglarlo de una forma o de otra. El resultado a veces da igual si se ha jugado bien. Pero cuando juegas mal una y otra vez, te dices que algo no funciona. Ése es el problema, que las cosas estén más o menos tan claras en mi cabeza y luego no sepa trasladarlo. Por mucho que me repita como si de un monólogo se tratara todo lo que quiero decir, cuando llegara el momento de la verdad sé que empezaría a buscarle doble sentido a las cosas y me haría un lío en mi cabeza. Luego, “¡oh, la humanidad!”, como en el Hindenburg. Un coloso zeppelin cayendo en llamas.

Está la opción de hablar con un amigo y que éste tantee el terreno. Pero como tantas veces me repito a mí mismo que ella no siente nada de eso por mí mejor ni lo intento y espero a que se me pase. A que aparezca otra chica que la eclipse. Pero de momento no llega. Todo lo que veo son cuerpos y sé que, durante unas horas o quizá un par de días me quitarían el apetito. Pero para estar pensando en otra persona mejor nos quedamos como estamos. Este sábado no estuve nada inspirado y a partir de una determinada hora me dió el bajón. La veía a ella. Estaba todo el mundo allí, menos ella. Y nadie lo sabe. Se lo dije a un amigo en un intento desesperado pero afortunadamente no me escuchó.

Y ella me parece que tampoco me va a escuchar.


81. M & M

3 de octubre de 2010

Necesitaba algo así. Y vino de la mano el final de un capítulo de los Simpsons, algo moñas, pero que me vino muy bien. No recuerdo cómo era el consejo, si se puede llamar así, que le daba Homer a Moe, pero venía a decir que “si ella ha visto eso en ti, seguro que otra también lo verá”. Luego nos reímos un poco por aquello que contaba Mark Oliver Everett en su “Cosas que los nietos deberían saber”, en la parte que decía que todas las mujeres que se habían cruzado en su camino estaban locas.

Sentirse querido por una chica tan especial es algo que, al menos a mí, no me pasa todos los días. Cuando la besé a mi menté llegó un flash que decía algo como “por fin”. Llevaba más de un mes queriendo hacerlo, la distancia no me había permitido hacerlo antes. Todo lo que vino después, bueno, iba  decir “mejor olvidarlo” pero no, no olvidemos nada porque forma parte de nuestra vida, tanto como lo mejor. Dormir en el coche, como le contaba a ella, para mí supone una de las mejores cosas que me han pasado nunca por raro que pueda parecer. Me parece un acto casi definitivo de reafirmación de la independencia, de omisión de las responsabilidades de los actos. ¿Y qué si lo que estoy haciendo acaba con que tenga que dormir en el coche, que por cierto, está aparcado a tomar por culo de donde estoy ahora? No me importaba. Me importaba el ahora.

Y no pasó todo lo que quería que pasase, pero estuvo bien. Estuvo muy bien. Y esta semana ha sido movida por muchas cosas, y la semana que viene lo será nuevamente, pero con un par de días regulares se acaba todo. Y eso es bueno: antes, esto me habría acarreado muchos días malos. Días de fingir que estoy bien cuando no lo estaba. Eso se acabó, me digo, aunque a veces los demonios parecen querer salir  de las jaulas donde los confiné. Ya no les dejo. No he tirado la llave, pero la guardo a buen recaudo.


80. Sigue así

19 de julio de 2010

Yo ya llevaba un melocotón de cuidado. Antes de la cena, en el picoteo, me tomé 5 ó 6 cañas, durante la cena varios vasos de vino (y ya tuve que empezar a combinarlos con agua) y luego innumerables cubatas, el último de ellos con agua porque ya habían cerrado la barra libre de la boda y no les quedaban refrescos. La gente lo miraba y, creyendo que era agua (yo no lo desmentía cuando me preguntaban) pegaban un trago. Me encanta la cara que ponían.

Cuando llegamos a la zona de marcha del Golf cogimos las copas, pedí otro cubata (y ya iban…) y nos subimos arriba. Unos chupitos. Otro cubata. Otro chupito, de otra cosa esta vez. Más cubatas y más chupitos, no tengo ni idea de cómo me mantenía en pie. Se acercaban las seis de la mañana, hora de cierre, y bajé al baño llevando ya el cuello levantado y la corbata en la cabeza. Al salir me encontré a mi primo bailando y me puse a su lado haciendo lo mismo… digo yo. Y fue cuando ella me quitó la corbata.

Se la puso en la cabeza y yo se la ajusté. Una rápida mirada: rubita, delgadita, guapita y con una sonrisa en la boca. Se la quitó y me la devolvió (la corbata) porque estaba sudada (no era para menos), y su amiga morena (también delgadita y guapita) me cogió de los brazos y me puse a bailar con ella. Un rápido recorrido por su cintura y vi el cielo. Como decía Extremoduro, “tu cintura / qué hermosura / todo el día me paso en ella”. Recuerdo esta frase y me viene a la cabeza un amor de juventud que tenía una cintura perfecta, y cada vez que la miraba se lo decía.

El caso es que no sé si la morena me empezó a hacer menos caso o yo le hice más caso a la rubia, pero le planté un par de besos y bailamos. Llevaba una de esas camisetas abiertas por la espalda, y al tocar su piel… me puse como una moto. Tonteé un poco más, de dónde eres, ese acento no es de aquí, “padres internacionales” dijo ella… y cuando mis labios tocaron los suyos, un beso robado como le dije, como el de Iker a la Carbonero, se rió y me volvió a besar, esta vez robándomelo ella a mí. Me apretaban para que nos fuéramos, yo no llevaba móvil y ella me dijo “es que tengo novio, estoy fuera del mercado” o algo parecido. Le di un par de besos más con mis manos en su cintura y me fui sin mirar atrás y sin despedirme de su amiga morena. Antes de salir por la puerta oí su voz y me giré. “Sigue así”, me dijo con una sonrisa.

Seguiré así.


79. La gente es como es

15 de julio de 2010

Ya hace mucho que digo esa frase, no sé si solamente para mí mismo o también se la he dicho a alguien (luego hablo de esto ya que estamos), pero el caso es que “La gente es como es”. Ni es como tú crees que es, ni como te han dicho que es, ni como la ves en un momento determinado ni ese largo etcétera que le quieras añadir. Ya sé que soy el rey del “¿Y aún no sabías eso?”, porque es lo que muchas veces pienso que la gente debe tener en su cabeza cuando digo ciertas cosas. No me importa, yo seguiré diciendo lo que crea que debo decir y callándome lo que crea que debo callarme. Hemingway decía que se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar. Pues ya me callaré.

Vuelvo a lo de no saber a quién le he contado qué. Creo que ya he dicho algo de eso aquí, pero es un bucle que me gusta. Hoy una chica (muy guapa, por cierto) me ha dicho que es lo que me pasa por hablar tanto. Y yo le he respondido que si ahora hablo mucho es porque durante muchos años no dije nada. Ahora tal vez no diga nada interesante, pero hablo mucho, a veces, cuando estoy bien, a gusto. Cuando estoy mal hablo poco, lo cual no quiere decir que si hablo poco es que estoy mal: a veces simplemente no hace falta decir nada, solo disfrutar de una cañita o un ruso con unos amigos.

Y… ya tengo ganas de irme de vacaciones. Joder, qué aventura va a ser lo del Camino (ya la preparación del viaje y el viaje en sí mismo a O Cebreiro lo está siendo). Y a ver si antes estoy por Málaga con mi guitarra y un papel (aunque “no hay nada mejor que componer sin guitarra ni papel”, Antonio Vega dixit y ahora que lo pienso quizá tenga razón) y paso unos buenos ratos con quien me deje.


78

31 de mayo de 2010

Me gustaría echarte un polvo ahora mismo
un polvo guarro
sucio
sobre la mesa, después de tirar
el teclado y todos los papeles que hay encima.

Apoyarte, bajarte los pantalones, quitarte la camiseta y
comerte las tetas
que tiraras la pantalla contra la pared y que me diera igual
sacarme la polla y follarte rápido y fuerte.

Los Beatles no han dejado de sonar por
los altavoces
las ventanas están abiertas
y nos estarán escuchando
los vecinos
y me alegro. Me corro
dentro
te agarras fuerte de mi cuello y
siento tu respirar en mis orejas
tu aliento entrecortado.
Me coges de la cabeza, me miras
a los ojos
e intentas besarme.

Pero te aparto.

Vete a tu casa. Está amaneciendo
y no querrás que tu novia
se despierte sin ti
y se pregunte dónde has pasado la noche.


77

17 de mayo de 2010

Las rosas son rojas
las violetas azules.
Y yo me cago en tu puta madre.

Eres una zorra de arriba a abajo.

Me jode que me digan que no,
que pasen de mí,
que me mientan.

Pero que jueguen conmigo…
eso REALMENTE me jode.

Ahora creerás que mis canciones son para ti,
que esto es para ti,
ahora creerás que de aquí al fin de la eternidad
mi corazón latirá por ti
cuando
en realidad
hace mucho que dejó de latir,
no solo por ti,
por nadie.

Ahora puedo levantar la cabeza
y decirlo bien alto:
JÓDETE ZORRA.
Tú te lo pierdes.

Realmente decirte todo esto me sabe un poco mal.
Gracias a ti soy quien soy ahora
y
al menos
eso te lo debo.
Pero me jodiste tanto en su día
que prefiero mandarte a tomar
por culo
una y mil veces.

¡Ea!


76. Ya vendrán noches más frías

8 de abril de 2010

Llevaba un par de semanas mirándolo. Un archivo en word en mi escritorio con mi última intentona por escribir una novela, o algo parecido al menos. Y no sé por qué me vino la fiebre hace dos días y decidí ponerme con ello. Y hacer un poco de caso, al menos por una vez, a los que más saben. Soy muy de tropezar dos veces en la misma piedra pero de hacerlo porque yo me he equivocado, no porque otra persona me haya aconsejado mal. Y así me va muchas veces.

En esta ocasión (“voy a pedirles perdón, si es rápido y es gratis entonces, why not?” que decía la canción de Calamaro, que me ha salido sola al poner las primeras palabras)… En esta ocasión he decidido empezar la casa por los cimientos y no por el tejado. Quiero escribir una novela, sé que si tuviera 100 páginas en Word (sacadas de aquella manera) luego podría corregirlas y sacar de ahí un buen libro. No uno que cambie el mundo, no una cuarta o quinta novela, un buen primer libro. Con mis errores, que forman parte de mí tanto o más que mis aciertos. Y luego sacarla para no vivir de ella, obviamente. Pero quizá sí vivir para ello.

Al menos, otra vez, tengo ganas de escribir. La había perdido hace tiempo. En los últimos tiempos apenas me salen canciones, y el que haya estado mal de la garganta tantas veces en poco tiempo no ayuda porque necesito cantar una canción para saber si funciona o no, no me vale con verla en papel, tocarla e imaginarla. Lo de las canciones es otra, no sé por qué o para qué sigo haciéndolas pero de vez en cuando salen y es un placer. Hace poco me dije que este verano tocaba: pagar 600 euros por 2-3 días en un estudio de grabación con músicos y sacarme un cd con 5-6 temas. Luego quizá no hiciera nada con él pero tenerlo y escucharme sería la bomba.

Bueno, dejo de desvariar que hay que ponerse a trabajar.


75

30 de marzo de 2010

Volvía hoy de comer en casa de mis padres y al pasar por la universidad he visto una juerga tremenda. Hoy tocaba. Eran las “Paellas”. Yo asistí varios años (incluso después de haber dejado de estudiar) a emborracharme como un cabrón. Cuando tenía clase, que había días que ni las paellas amedrentaban a los profesores, pues yo con dos cojones iba, con una cogorza de impresión. Y si preguntaban si alguien había hecho los ejercicios yo, aunque fuera mentira, levantaba la mano. Recuerdo en una clase que no se me daba especialmente bien que el profesor me sacó a la pizarra y me puse a resolver un problema de matemáticas, creo recordar. Todo el mundo guardaba un silencio sepulcral y cuando terminé, sin que el profesor dijera nada, dejé la tiza y me volví a mi sitio. Se quedó mirándolo un rato y dijo “uhm… muy bien…”. Con poca confianza. Yo nunca supe si aquello estaba bien o no, ni de dónde coño saqué las fuerzas y las neuronas para ello.

Lo que más gracia me ha hecho de todo, aparte de que han venido a mi memoria recuerdos que creía olvidados (ah, también me subí una vez a una silla a cantar y se formó un corro alrededor mío; yo me desgañitaba cantando no recuerdo qué canción, y un amigo se moría de vergüenza -¡qué mal cantas cabrón! me decía-) ha sido ver en la rotonda a una chica tirada en el suelo, al sol, con una mano en la cara. Llevaba un melocotón importante y eso que apenas eran las 15h o 15:30h. A esa hora nosotros muchas veces era cuando empezábamos a ir calentitos, porque el bebercio se iniciaba cuanto antes (muchas veces a las 12) pero había un impasse de una hora o dos donde no todo estaba permitido, cosa que a partir de las 14h o así todos nos pasábamos por el forro y hacíamos lo que bien nos venía en gana.

No ligué mucho en las paellas, pero si me acuerdo que con una con la que estuve (no sé muy bien cómo, cosas del alcohol) me contó historias de sexo en las aulas, sujetadores encontrados, condones… a mí no me importaba mucho, yo quería comerle la boca un poco. No sé si eran indirectas, pero no estaba yo como para eso. Pero, claro, los lavabos de la biblioteca no se quedaron sin estrenar…

Como decía Calamaro, “qué más quisiera que pasar la vida entera como estudiante el día de la primavera”…


74. Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques

20 de marzo de 2010

Hacía mucho que no fumaba marihuana y me he dicho a mí mismo “ya está bien, coño, hoy toca”. Y la he sacado de la caja fuerte (porque la guardo ahí, con las joyas, los relojes, el santo grial y el oro en general) y he pegado un par de caladas en mi pipa y me han sabido muy bien. No debería fumar porque aún me duele la garganta, pero me he empezado a leer una novela de Kerouac y Burroughs y hacerlo sin fumar marihuana me parecía una falta de respeto. Al gato parece que no le gusta mucho el olor porque se ha acercado, se le han dilatado las pupilas (esto es normal, lo hace cuando va a “atacar”) y se ha ido. Ahora me está mirando desde la puerta, sentado a una distancia prudencial, y me acuerdo de Kerouac y de su pasión por los gatos, que están en sus novelas y en sus haikus.

Me gusta la generación Beat y no sé por qué he leído tan poco sobre ellos. Me leí hace tiempo Las cartas de la ayahuasca también, creo, he leído a Kerouac (aunque no En el camino, que se supone es la obra central) y a Ginsberg (aunque algo de poesía en Visor que me resultó muy caótico, no Aullido) pero no he leído ni el Yonqui ni El almuerzo desnudo de Burroughs. Creo que voy a tener que conseguirlos porque ahora leyendo este “Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques” me está picando el gusanillo que hace tiempo que no venía, el de devorar libros; este año solo me he terminado 2, una cifra ridícula, y es que ninguno me ha llegado como por el momento me está llegando este.

Voy a por más marihuana y, si acaso, ya seguiré otro día.


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